Cuando Apple convierte el Centro Niemeyer en plató mundial: Avilés, arquitectura y turismo a través del iPhone 18 Pro

Hay campañas publicitarias que venden un producto. Y hay otras que, casi sin pretenderlo, consiguen vender también un lugar.

Eso es lo que está ocurriendo estos días con Avilés y el Centro Niemeyer, después de que Apple haya elegido este singular complejo arquitectónico asturiano como escenario de Night Moves, la nueva pieza audiovisual internacional asociada al iPhone 18 Pro.

El anuncio, dirigido por la realizadora ucraniana Tanu Muiño, se rodó a comienzos de septiembre en el Centro Niemeyer y tiene una duración aproximada de 53 segundos. La dirección de fotografía corrió a cargo de Mykyta Kuzmenko, mientras que la coreografía corresponde a Charles Auguste y en pantalla aparecen los bailarines Kateryna Bysheva, Hikaru Kawasaki, Alvin Nilsen-Nygaard y Mahamat Fofana. La banda sonora utiliza DANCE…, de la artista estadounidense Slayyyter.

Pero lo realmente interesante desde el punto de vista del marketing de destinos no es únicamente que Apple haya rodado en Asturias.

Es por qué eligió ese espacio.

El Niemeyer como parte de la narrativa, no como simple localización

El Centro Niemeyer es una de las grandes piezas de arquitectura contemporánea de Asturias y la única obra de Oscar Niemeyer en España.

Inaugurado en 2011, el complejo se articula alrededor de diferentes elementos arquitectónicos: Auditorio, Cúpula, Torre, Edificio Polivalente y Plaza. El resultado es un conjunto en el que predominan las formas curvas, el blanco, el hormigón y una relación muy directa con la ría y con la ciudad de Avilés.

Y aquí aparece una primera conexión extraordinariamente interesante con el lenguaje visual de Apple.

La arquitectura del Niemeyer permite trabajar con luz y sombra de una manera muy cinematográfica.

Las superficies blancas funcionan como grandes reflectores. Las curvas generan líneas visuales muy reconocibles. Los volúmenes permiten crear profundidad. Y la iluminación nocturna transforma completamente la percepción del espacio.

Precisamente esos elementos —oscuridad, luz, movimiento, contraste y arquitectura— son los que articulan Night Moves.

No estamos, por tanto, ante una elección casual de un edificio contemporáneo.

La localización parece haber sido seleccionada porque el espacio ayuda a demostrar aquello que el producto quiere comunicar.

Y esa es una de las claves de la publicidad contemporánea: cuando producto y localización cuentan la misma historia, el escenario deja de ser escenario y se convierte en parte del mensaje.

¿Qué quiere demostrar Apple con Night Moves?

Apple presentó el iPhone 18 Pro el 9 de septiembre de 2026.

Entre las principales novedades de su sistema fotográfico se encuentra una nueva cámara principal Fusion de 48 megapíxeles con apertura variable, una tecnología que Apple incorpora por primera vez en un iPhone.

La apertura puede ajustarse entre diferentes valores y llegar hasta ƒ/1,48, permitiendo captar más luz en situaciones de baja iluminación. También puede cerrarse hasta ƒ/4, aumentando la profundidad de campo. Apple explica que el sistema utiliza seis láminas cortadas mediante láser y un nuevo mecanismo de rotor para realizar la transición entre aperturas.

Y esto explica en buena medida el concepto de Night Moves.

La campaña no se centra simplemente en enseñar un teléfono.

Se centra en demostrar qué puede hacer una cámara de smartphone cuando se enfrenta a uno de los escenarios más difíciles para la fotografía y el vídeo:

la noche, el movimiento y el contraste entre zonas iluminadas y zonas oscuras.

Apple muestra además el propio proceso de grabación, incluyendo el iPhone integrado en un rig de cámara. El espectador ve simultáneamente el resultado y el dispositivo que lo está produciendo.

Es una fórmula muy Apple:

“No te lo cuento. Te lo enseño.”

Un spot construido alrededor del movimiento

El propio título, Night Moves, resume la propuesta creativa.

Noche.

Movimiento.

Luz.

Arquitectura.

Cuerpo humano.

Tecnología.

La pieza utiliza bailarines como elemento dinámico dentro de una arquitectura esencialmente estática.

Y ahí vuelve a aparecer el Niemeyer.

Las curvas del edificio proporcionan líneas de movimiento naturales. La gran superficie blanca de la Cúpula permite que los cuerpos destaquen sobre un fondo limpio. La oscuridad permite recortar siluetas y dirigir la mirada mediante haces de luz.

Entre las imágenes identificadas en la pieza aparecen bailarines desplazándose sobre una estructura de malla, movimientos sobre la superficie curva de la gran cúpula y escenas de figuras atravesadas por haces de luz en la oscuridad. También se muestra el propio dispositivo utilizado durante la grabación.

Los planos arquitectónicos que más llaman la atención

Sin que Apple identifique explícitamente en el vídeo que estamos en Avilés, hay varios elementos que permiten reconocer el Centro Niemeyer.

La Cúpula es probablemente el elemento más espectacular desde el punto de vista cinematográfico.

Se trata de una semiesfera de hormigón proyectado con aproximadamente 4.000 m² de superficie, concebida como un gran espacio diáfano. En su interior destaca una lámpara circular diseñada por el propio Niemeyer y una escalera helicoidal. El propio Centro señala que el trabajo con formas, volúmenes, saturación de la luz y reverberación sonora es especialmente relevante en este espacio.

Es decir: prácticamente un laboratorio natural para una campaña basada en luz, sombra y movimiento.

También aparece el lenguaje arquitectónico del Auditorio, uno de los elementos más reconocibles del complejo.

El edificio alcanza los 26 metros de altura y su sala principal dispone de 951 butacas. Su escenario y sus espacios asociados permiten además desarrollar producciones especiales y rodajes.

Y el conjunto se completa con la gran Plaza, con una superficie aproximada de 22.000 m², concebida por Niemeyer como un espacio abierto a la ciudad y a la ría.

La Torre, de 20 metros de altura, aporta otro elemento visual característico: una columna de acceso helicoidal que conduce hasta un disco superior rodeado de ventanales y que funciona como mirador sobre la ría y Avilés.

Todo ello hace que el Centro Niemeyer ofrezca algo que no es fácil encontrar en una única localización:

una enorme variedad de escenarios arquitectónicos dentro de un mismo complejo.

Y aquí está la verdadera genialidad: el espacio también demuestra la tecnología

Desde el punto de vista audiovisual, Night Moves funciona como una especie de demostración de producto integrada dentro de una pieza de entretenimiento.

La arquitectura proporciona:

  • superficies blancas;
  • grandes volúmenes;
  • líneas curvas;
  • zonas de sombra;
  • iluminación puntual;
  • espacios abiertos;
  • profundidad;
  • elementos en movimiento;
  • texturas de hormigón;
  • contraste entre negro y blanco.

Y el iPhone tiene que demostrar que es capaz de registrar todo ello en condiciones nocturnas.

La elección es especialmente coherente con las prestaciones anunciadas por Apple.

La cámara principal Fusion de 48 MP incorpora apertura variable, mejora del rendimiento en condiciones de poca luz y controles profesionales que permiten modificar manualmente parámetros como apertura, velocidad de obturación y balance de blancos. Apple también incorpora mejoras de procesamiento computacional y prestaciones avanzadas de vídeo.

Por tanto, el Niemeyer no solo aporta belleza.

Aporta dificultad técnica.

Y cuanto más difícil es el escenario, más evidente resulta la demostración de las capacidades de la cámara.

Una arquitectura que funciona especialmente bien de noche

Hay algo particularmente interesante en la relación entre el Niemeyer y la campaña.

Durante el día, el Centro destaca por sus superficies blancas y sus formas escultóricas.

Por la noche, esas mismas formas adquieren una segunda identidad.

La iluminación convierte las curvas en volúmenes.

Las sombras crean profundidad.

La oscuridad elimina parte de la información del entorno y obliga al espectador a concentrarse en los cuerpos, las luces y la arquitectura.

Es exactamente el territorio visual que necesita una campaña diseñada para hablar de fotografía nocturna.

Por eso Night Moves puede interpretarse también como un pequeño estudio de place branding.

Apple no necesitaba simplemente un espacio bonito.

Necesitaba un espacio que pudiera convertirse visualmente en otra cosa.

Y el Niemeyer tiene esa capacidad.

El impacto para Avilés puede ir mucho más allá de las visualizaciones

Aquí aparece la parte que, desde mi punto de vista, resulta más interesante.

Una campaña global de una marca como Apple no necesita necesariamente decir:

“Esto es Avilés.”

Para producir un efecto turístico.

De hecho, puede ser más potente que el espectador vea unas formas arquitectónicas extraordinarias, sienta curiosidad y posteriormente descubra dónde se encuentran.

Ese mecanismo es muy habitual en el turismo contemporáneo:

impacto visual → curiosidad → búsqueda → descubrimiento → viaje.

El Centro Niemeyer ya era un atractivo turístico.

Pero ahora existe una nueva asociación mental potencial:

Niemeyer + Apple + iPhone + creatividad + arquitectura + Asturias.

Y esa asociación tiene un enorme valor de comunicación.

Medios españoles y asturianos ya han destacado la repercusión internacional de la campaña y su potencial como escaparate para Avilés y Asturias.

Del turismo industrial al turismo creativo

Avilés lleva años trabajando para ampliar su posicionamiento turístico.

La ciudad tiene patrimonio histórico, gastronomía, cultura, industria, paisaje y el propio Centro Niemeyer.

La campaña de Apple introduce otra dimensión:

el turismo creativo y audiovisual.

Asturias no aparece aquí solamente como destino natural.

Aparece como un territorio capaz de acoger una producción audiovisual internacional.

Esto es importante porque la industria audiovisual genera un tipo de promoción diferente.

Un paisaje puede aparecer durante tres segundos en un anuncio.

Pero una arquitectura singular puede convertirse en protagonista.

Y eso cambia el valor promocional de la localización.

El Centro Niemeyer puede ser descubierto por personas que quizá nunca habían oído hablar de Avilés y que llegan inicialmente por la arquitectura, la fotografía, Apple o la propia campaña.

El efecto “set-jetting”

El fenómeno tiene incluso un nombre dentro del turismo internacional:

set-jetting.

Es el viaje motivado por haber visto un lugar en una película, serie, videoclip o producción audiovisual.

Y aunque Night Moves no sea una película ni una serie turística sobre Avilés, comparte uno de los mecanismos fundamentales del fenómeno:

convertir una localización real en una imagen aspiracional.

El visitante puede querer reproducir posteriormente aquello que ha visto en pantalla.

La fotografía delante de la Cúpula.

La visita nocturna.

La arquitectura.

La ría.

La Plaza.

La conexión con el casco histórico.

El Centro Niemeyer ya cuenta, además, con visitas guiadas que recorren diferentes elementos del complejo, incluida la Plaza, el Auditorio y la Cúpula.

Por tanto, existe una infraestructura turística sobre la que construir esa narrativa.

Y hay otra oportunidad: el turismo MICE

Desde una perspectiva profesional vinculada a eventos, existe además una lectura especialmente interesante.

El Centro Niemeyer no es únicamente un icono arquitectónico.

Es también un espacio para congresos, convenciones, reuniones y eventos corporativos.

Su Auditorio dispone de 951 butacas; la Cúpula ofrece diferentes configuraciones para exposiciones y eventos; la Plaza alcanza los 22.000 m²; y el complejo dispone de diferentes espacios polivalentes y áreas para reuniones.

La aparición en una campaña global de Apple puede reforzar precisamente esa percepción:

Avilés no solo puede ser visitada. También puede ser escenario.

Escenario de:

  • convenciones;
  • lanzamientos de producto;
  • presentaciones de marca;
  • rodajes;
  • incentivos;
  • eventos culturales;
  • producciones audiovisuales;
  • sesiones fotográficas;
  • encuentros corporativos;
  • congresos.

Y aquí existe una oportunidad estratégica para el destino.

¿Por qué no utilizar la campaña de Apple como argumento comercial para posicionar Avilés también como destino MICE y audiovisual?

Una campaña internacional sin comprar una campaña turística convencional

Probablemente esta sea una de las mayores lecciones de marketing territorial.

Si una administración turística quisiera producir una campaña internacional mostrando arquitectura contemporánea, cultura, innovación y creatividad, tendría que invertir en producción, contratación de medios, planificación y distribución.

En este caso, una compañía privada ha generado una pieza de enorme calidad audiovisual utilizando como escenario un activo turístico de Avilés.

Y la ciudad obtiene algo todavía más valioso:

asociación de marca.

Apple no ha convertido al Centro Niemeyer en un anuncio turístico de Avilés.

Pero sí ha conseguido que el Niemeyer forme parte de una conversación global sobre tecnología, creatividad, fotografía y vídeo.

Eso es place branding en estado puro.

El gran reto ahora es convertir notoriedad en visitas

Aquí está la clave.

La campaña, por sí sola, genera notoriedad.

Pero la notoriedad no es todavía turismo.

Para convertir una exposición internacional en impacto económico local hace falta trabajar el recorrido completo:

vídeo → reconocimiento del lugar → búsqueda de información → inspiración → visita → estancia → consumo.

Y ahí Avilés tiene una oportunidad.

El visitante que llegue atraído por el Niemeyer puede descubrir posteriormente el casco histórico, sus soportales, la Plaza de España, la gastronomía, la ría, la cultura y otros recursos turísticos de la ciudad.

La proximidad entre el Centro Niemeyer y el casco histórico es especialmente interesante porque permite combinar en un mismo recorrido dos imágenes completamente diferentes:

la Avilés histórica y la Avilés contemporánea.

La propia información turística de España destaca precisamente esa conexión entre el complejo de Niemeyer y el casco histórico de la ciudad.

Apple ha puesto el foco en algo que Asturias ya tenía

Quizá esa sea la conclusión más interesante.

Apple no ha creado el atractivo del Centro Niemeyer.

No ha creado sus curvas.

No ha construido la Cúpula.

No ha inventado su relación con la ría.

Simplemente ha demostrado que una localización puede adquirir una nueva dimensión cuando una gran marca internacional sabe utilizarla narrativamente.

Y esa es una lección importante para cualquier destino turístico.

No siempre se trata de construir nuevos recursos.

A veces se trata de aprender a contar mejor los que ya existen.

El Centro Niemeyer lleva quince años formando parte del paisaje cultural de Avilés.

Ahora, durante 53 segundos, sus curvas, su hormigón, su blanco, su noche y sus espacios han pasado a formar parte del imaginario visual de una de las campañas internacionales vinculadas al nuevo iPhone 18 Pro.

Avilés, 53 segundos y una oportunidad de largo recorrido

Quizá dentro de unos meses muchas personas no recuerden exactamente qué modelo de iPhone aparecía en Night Moves.

Pero algunas sí recordarán aquellas enormes formas blancas, los bailarines desplazándose por una arquitectura casi futurista y aquella combinación de oscuridad, luz y movimiento.

Y algunas acabarán preguntándose:

“¿Dónde está ese lugar?”

La respuesta es:

Avilés. Asturias. Centro Niemeyer.

Ahí empieza el verdadero valor turístico de esta campaña.

Porque en marketing de destinos hay ocasiones en las que no hace falta decirle al mundo que vengas.

Basta con conseguir que alguien, al otro lado de la pantalla, piense:

“Quiero conocer ese lugar.”

Y en esta ocasión, Apple ha conseguido que el Centro Niemeyer sea mucho más que el escenario de un anuncio.

Lo ha convertido, durante unos segundos, en una imagen global de arquitectura, creatividad, tecnología y movimiento.

Ahora el reto para Avilés y Asturias es transformar esos segundos de notoriedad internacional en algo mucho más duradero:

visitas, pernoctaciones, eventos, producciones, congresos y nuevos viajeros que descubran la ciudad a través de una arquitectura que ya ha demostrado que puede mirar al mundo.

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¿Y si el concierto ya no empieza cuando aparece el artista sobre el escenario?

Hoy he tenido la oportunidad de vivir Macondo Park, el universo creado por Shakira en Madrid alrededor de su residencia de 12 conciertos de Las Mujeres Ya No Lloran World Tour.

Y la primera conclusión desde el punto de vista de marketing, experiencia de cliente y branding es clara: aquí no se ha vendido únicamente una entrada para un concierto. Se ha diseñado una experiencia de marca completa.

📍 Macondo Park ocupa el entorno del nuevo Estadio Shakira, en Villaverde, y transforma el espacio en una auténtica ciudad efímera dedicada a la cultura latina y al universo de la artista.

¿Qué encuentra el visitante?

📚 La Biblioteca, con literatura y referencias a Gabriel García Márquez y al universo de Cien años de soledad.

👗 El Taller, vinculado a la moda y a la estética de Shakira.

🌮 El Mercado, con una propuesta gastronómica inspirada en sabores latinoamericanos.

🎤 Espacios de música en directo, con artistas invitados.

🏛️ Un museo dedicado a Shakira, donde se pueden contemplar vestuarios, discos y elementos de diferentes etapas de su carrera.

🐺 Macondito, pensado para el público infantil y familiar.

📸 Y, por supuesto, numerosos espacios concebidos para ser fotografiados y compartidos en redes sociales.

La clave está precisamente ahí.

De vender entradas a vender una experiencia

Macondo Park convierte las horas anteriores al concierto en parte del producto.

La entrada deja de ser simplemente el acceso a dos o tres horas de música y se transforma en una experiencia de varias horas: cultura, gastronomía, entretenimiento, fotografía, música, merchandising y comunidad.

Además, el acceso al parque está vinculado a la entrada del concierto. Es decir, Macondo Park funciona también como un elemento adicional de valor alrededor del ticket.

Y esto tiene una consecuencia muy interesante para el marketing:

el concierto empieza mucho antes de que Shakira salga al escenario.

Shakira como destino

Hay otro elemento especialmente interesante.

Shakira no está llegando simplemente a Madrid para actuar.

Está convirtiendo Madrid, durante varias semanas, en un destino asociado a su propia marca.

Fans de diferentes países viajan a la capital para vivir la experiencia. La propia cobertura del primer día muestra asistentes internacionales que han combinado viaje, familia y concierto.

Es una estrategia especialmente potente para una artista latina de alcance global:

cultura + música + turismo + gastronomía + entretenimiento + redes sociales.

Todo dentro de un mismo ecosistema.

¿Y qué consigue la marca Shakira?

Mucho más que notoriedad.

Macondo Park permite reforzar diferentes asociaciones alrededor de la artista:

🌎 Global: una artista latinoamericana capaz de movilizar públicos internacionales.

🇨🇴 Identidad: Colombia y Latinoamérica forman parte visible de la experiencia.

🎶 Trayectoria: museo, vestuario, videoclips y referencias a diferentes etapas de su carrera.

👨‍👩‍👧 Familia: actividades que amplían la experiencia más allá del fan tradicional.

📱 Contenido: escenarios y elementos visuales diseñados para generar fotografías, vídeos y conversación digital.

💎 Premium: diferentes modalidades de hospitality convierten también el concierto en un producto de experiencia y no únicamente de entretenimiento.

La gran lección de marketing

En un mercado donde cada vez resulta más difícil diferenciar un concierto de otro, la diferenciación ya no está solamente en el artista sobre el escenario.

Está en todo lo que ocurre antes, durante y después.

Macondo Park convierte una entrada en una historia.

Y una historia es mucho más fácil de recordar, compartir y asociar a una marca.

Shakira no solo ha construido un escenario en Madrid.

Ha construido durante unas semanas un territorio de marca.

Y quizá esa sea la verdadera innovación de este proyecto:

no llevar al público a un concierto, sino conseguir que el público entre literalmente en el universo de la artista.

Madrid, durante estas semanas, también es Shakira.

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Viajar ya no volvió a ser lo mismo después del 11-S

El 11 de septiembre de 2001 cambió mucho más que la historia reciente. También transformó para siempre nuestra manera de viajar, volar y relacionarnos con los aeropuertos.

Antes del 11-S, llegar al aeropuerto con mucha antelación no siempre era necesario. Los controles de seguridad eran menos estrictos, los familiares podían acompañarnos hasta zonas mucho más próximas a la puerta de embarque y la experiencia aeroportuaria era, en muchos sentidos, más sencilla.

Después de aquel día, la seguridad pasó a convertirse en una parte esencial de la experiencia de viaje.

Nuevos controles y nuevos protocolos

Los controles de seguridad se intensificaron y se estandarizaron progresivamente. Documentación, líquidos, dispositivos electrónicos, equipaje de mano, controles biométricos y tecnologías de detección forman hoy parte de un proceso que millones de pasajeros realizan prácticamente de manera automática.

El concepto de “security” adquirió una dimensión completamente diferente.

El aeropuerto como parte del viaje

También cambió nuestra relación con el aeropuerto.

Hoy asumimos como normal llegar con antelación, pasar diferentes filtros de seguridad, retirar determinados objetos del equipaje, controlar líquidos, revisar documentación y seguir protocolos cada vez más sofisticados.

El aeropuerto dejó de ser simplemente el lugar desde el que se tomaba un avión para convertirse en un ecosistema de seguridad, tecnología, comercio y experiencia de cliente.

La tecnología aceleró la transformación

Paradójicamente, el endurecimiento de los controles coincidió con una revolución tecnológica.

Check-in online, tarjetas de embarque digitales, aplicaciones de aerolíneas, kioscos de autoservicio, reconocimiento facial, biometría y sistemas automatizados han permitido compensar parte de la mayor complejidad de los procesos.

Hoy podemos hacer en nuestro smartphone operaciones que hace 25 años requerían pasar por un mostrador.

También cambió nuestra percepción del viaje

Después del 11-S, viajar en avión incorporó una nueva dimensión: la conciencia de que la seguridad es responsabilidad de todos.

La cultura del viaje cambió.

Pasamos de pensar principalmente en comodidad y rapidez a valorar también seguridad, prevención y control.

Y, al mismo tiempo, la industria tuvo que encontrar un equilibrio cada vez más complejo:

¿Cómo ofrecer seguridad sin convertir el viaje en una sucesión de controles?

Ese continúa siendo uno de los grandes retos de la aviación y del turismo.

25 años después, muchas de aquellas medidas forman parte de nuestra rutina y las nuevas generaciones difícilmente pueden imaginar cómo era viajar antes de ellas.

Pero basta recordar cómo era un aeropuerto a finales de los años 90 para comprender hasta qué punto cambió nuestra forma de volar.

Porque el 11-S no solo cambió la aviación.

Cambió nuestra experiencia como pasajeros.

10 cosas que podías hacer en un avión antes del 11-S y que hoy parecen impensables

Si empezaste a viajar en avión después de 2001, probablemente hay cosas que te parecerán increíbles.

Pero quienes viajábamos en los años 90 recordamos una experiencia muy diferente.

El 11 de septiembre de 2001 no solo cambió la historia. Cambió para siempre nuestra relación con los aeropuertos y con el avión.

Aquí van 10 ejemplos:

  • Entrar en la cabina de pilotos

Era relativamente habitual que, especialmente los niños, pudieran visitar la cabina durante el vuelo, saludar a los pilotos e incluso hacerse una fotografía. Hoy, la puerta de la cabina permanece cerrada y el acceso está estrictamente controlado.

  • Acompañar a familiares hasta la puerta de embarque

En muchos aeropuertos, no era necesario despedirse en el control de seguridad. Familiares y acompañantes podían llegar mucho más cerca de la puerta de embarque. Hoy, normalmente, necesitas ser pasajero para acceder a esa zona.

  • Llevar determinados objetos en el equipaje de mano

La lista de objetos restringidos era mucho menos extensa. Lo que entonces podía parecer un objeto cotidiano hoy puede acabar fuera de tu equipaje después del control de seguridad.

  • Pasar controles de seguridad mucho más sencillos

No existía la experiencia actual de sacar determinados dispositivos, líquidos y objetos, colocar todo en bandejas y atravesar diferentes sistemas de inspección. El concepto de airport security era muy diferente.

  • Viajar con líquidos sin las actuales restricciones

Aquí hay una precisión importante:  La famosa regla de los 100 ml no nació directamente del 11-S. Se implantó en 2006 después de que las autoridades británicas desarticularan un complot que pretendía utilizar explosivos líquidos en aviones.

Pero para quienes viajaban antes de entonces, llevar líquidos en el equipaje de mano era mucho más sencillo.

  • Ver a los pilotos durante el embarque

En determinadas circunstancias y aerolíneas, acercarse a la cabina durante el embarque era algo mucho menos excepcional. Hoy sería impensable en la mayoría de los vuelos comerciales.

  • Despedirse prácticamente al pie del avión

La experiencia aeroportuaria era menos compartimentada. Había menos barreras entre las diferentes zonas y menos sensación de estar atravesando un complejo sistema de seguridad.

  • Viajar con una sensación de seguridad completamente diferente

Quizá este sea el cambio más difícil de medir. Antes del 11-S, para muchos pasajeros la seguridad era prácticamente invisible. Después, pasó a formar parte de nuestra experiencia de viaje.

  • Improvisar mucho más

Llegar al aeropuerto, facturar, pasar el control y embarcar tenía menos pasos y menos protocolos que hoy. La planificación y los tiempos de antelación que damos por normales actualmente son, en buena medida, fruto de esta evolución.

  • Pensar que el avión era simplemente un medio de transporte

Probablemente este sea el mayor cambio de todos. Antes pensábamos: “Subo al avión y vuelo.”

Hoy pensamos también en controles, documentación, equipaje, seguridad, dispositivos electrónicos, líquidos, biometría, puertas de embarque y procedimientos. La seguridad se convirtió en una parte inseparable de la experiencia del pasajero.

Y quizá lo más curioso sea mirar fotografías de un aeropuerto de los años 90.

  • Familias esperando junto a la puerta de embarque.
  • Niños entrando en la cabina.
  • Pasajeros con equipajes muy diferentes a los actuales.
  • Aeropuertos donde la separación entre “pasajero” y “acompañante” era mucho menos evidente.

Parece otro mundo, y es que, en cierto modo, lo era.

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