Si viajamos a lo largo de la historia más reciente de turismo de España, nos encontramos con la creación de algunos puntos con gran personalidad a lo largo de la geografía del país que han sido hitos en la gestión del turismo de vacaciones. Uno de estos ejemplos es la «Ciudad de Vacaciones Perlora», ubicada en el litoral asturiano.
Si has estudiado Turismo, seguramente que bien en la asignatura de Estructura del Mercado Turístico, o en la de Recursos Territoriales Turísticos has analizado profundamente este tipo de estructuras, que en los años 70 ya permitían al sector obrero disfrutar de unas vacaciones en familia, en un país que se abría a una Europa, en el marco de una dictadura.
Pensemos que, en la actualidad, en el año 2025, empieza el verano y ya cada uno tiene más o menos claro cómo va a aprovechar los días de vacaciones. Ello incluye también el mero hecho de descansar y no hacer nada, lo cual es una experiencia turística que muchos igual no conocen, al menos en su formato inicial en España: “la Ciudad de Vacaciones”.
Durante la Segunda República se reconoce el derecho a una semana de vacaciones (1931), pasando a ser “vacaciones anuales retribuidas”, durante el régimen de Franco. La Obra Sindical de Educación y Descanso, antes Obra Nacional Alegría y Descanso, fue la organización encargada de su promoción entre los llamados “productores” (trabajadores) de 1939 a 1977. Países como la Unión Soviética, Alemania, Italia, Portugal o Grecia tienen entes similares. Es por ello que encontramos espacios parecidos en otros países.
En el caso del espacio que fue referente en el Principado de Asturias, Perlora, inaugurada en el año 1954, fue una de las tres ciudades sindicales de Educación y Descanso, junto con las de Tarragona (inaugurada en 1957) y Marbella (inaugurada en 1962), todo ello promovido por la Obra Sindical Educación y Descanso.
Si buceamos en el pasado, en su momento, a la sección de “Residencias y Albergues” le corresponde, según María Díaz Bello, “proporcionar alojamiento a los trabajadores en sus días de vacaciones, a un precio reducido y en los lugares más pintorescos de España, especialmente a orillas del mar”. Surgen entonces las Ciudades Sindicales de Vacaciones, que son “un verdadero atractivo para los obreros, los cuales durante quince días disfrutaban de una casita en la playa sin que ello les acarreara demasiados problemas económicos”, así como de edificios comunitarios y espacios deportivos.
Según indica Ricardo Carcelén González, Arquitecto, de la Universidad Politécnica de Cartagena (España), se promovió en los años 50 un proyecto turístico para la clase obrera de nuestro país con la construcción de tres ciudades de vacaciones en Tarragona, Marbella y Perlora, que mostraron actitudes encaminadas a la preservación y puesta en valor del paisaje natural, desde el propio trazado de los conjuntos hasta el diseño de sus arquitecturas. En este trabajo se analizan dichas actitudes desde un punto de vista tanto cualitativo como cuantitativo, arrojando datos objetivos que reflejan la relación del referido proyecto turístico obrero con el paisaje. Con la llegada de los años 60 y de los grandes planes de ordenación turística de promoción privada, la Obra Sindical se vio obligada a introducir algunas variaciones sobre su modelo vacacional.
Bajo estas premisas, Educación y Descanso construye tres Ciudades Sindicales: Jacobo Campuzano, conocida luego como Perlora (concejo de Carreño, Asturias), a menos de 20 kilómetros de Gijón; Tarragona, a 4 kilómetros de la capital e inaugurada en 1957, guardando similitudes con el proyecto de la Ciutat de Repòs i Vacances diseñada por el GATCPAC durante la Segunda República; Marbella, a más de 50 kilómetros de Málaga, inaugurada en 1962. Un año después se aprueba la Ley sobre Centros y Zonas de Interés Turístico Nacional, concebida para dar respuesta a la creciente afluencia turística extranjera, aparcándose la construcción de otras dos Ciudades Sindicales, una en Punta Umbría (Huelva) y otra en Guardamar del Segura (Alicante).

Analizando el caso asturiano, a través de la Obra “Educación y Descanso”, encuentra en una planicie costera de la parroquia de Perlora, llamada Llanos, un sitio idóneo para implantar la primera Residencia de Productores de la región. Se trataba de un conjunto de fincas de 359.065 metros cuadrados situados en un promontorio de caliza de montaña que quedaba delimitado al Este por la playa de Carranques y al Oeste por el río Espasa y la Ensenada de Perán. A lo largo de su costa, formadas por karstificaciones de la caliza, se sucedían pequeñas calas como la de Los Curas o la de Entrellusa ( un antiguo puerto ballenero), la Isla de Perlora, zonas de acantilados en el tramo Entrellusa-Socampos, y la playa de cantos de Huelgues, cerrada por una sucesión de islotes que se convertían en rompeolas naturales. El relieve interior es suave, con pequeñas elevaciones que alcanzan sus máximos en la Punta Socampos y en el promontorio junto a la ensenada de Perán. Entre desniveles y depresiones, con dos vertientes dirigidas a las playas principales, surgían diversos afloramientos rocosos de caliza con vetas cuarcíticas.
Al sur, creando un límite físico que aísla esta zona del resto de la parroquia, se sitúa la línea de ferrocarril Gijón-Avilés, conocida como El Carreño, con apeadero en la zona (algo nada peculiar en el moment oy que se consideraba muy exclusivo). Las fincas situadas en estos límites, 129 en total, fueron expropiadas por más de 3 millones de pesetas.
Revisando la historia, vemos que la Ciudad Residencial conoció un gran auge en los años 1960 y 1970, en los que llegó a adquirir renombre a no solamente nivel nacional, sino a nivel internacional. Durante las semanas de verano, diferentes familias de trabajadores de todo el país acudían a «Perlora» en turnos de dos semanas, por lo que cada vivienda era utilizada por varias familias según transcurría el verano. Es lo que se ha denominado “turismo social”.
Desde el punto de vista arquitectónico una de sus características en la constricción del espacio, era la ausencia de parcelaciones y límites físicos, lo que favorece el espíritu de convivencia y relación, haciendo que las amplias zonas verdes tengan tanto protagonismo como las edificaciones. Las viviendas debían tener una superficie total de 60 m² como máximo, distribuidas en una o dos alturas. Entre 1957 y 1967, Perlora contó con 274 viviendas de 35 tipologías diferentes. Los hermanos Somolinos fueron también autores del edificio de dirección, de la iglesia, bajo el concepto de líneas originales y sencillas, y del comedor, “amplio y luminoso” y donde las familias numerosas tienen una reducción del 20 %.
En 1982 el Estado español le otorgó la administración de Perlora al Principado de Asturias, que gestionó su control hasta 2006, año en el que cesó en sus actividades vacacionales. Desde entonces las instalaciones se han ido abandonando e incluso se cometió algún derribo alegando daños estructurales.
Ante el intento del Principado de privatizar el complejo, los trabajadores de las instalaciones se opusieron y hubo diferentes movilizaciones, aupadas también por diversas asociaciones culturales y vecinales que reclaman su recuperación e inversión. El 23 de octubre de 2007, el Gobierno del Principado hizo público el informe preliminar de adjudicación de la gestión de la “Ciudad Residencial Perlora”, a un consorcio de empresas asturianas por un periodo de 50 años y con una inversión prevista de casi 83 millones de euros, afirmando que se convertirá en un complejo turístico de referencia. Diferencias entre la administración pública y el consorcio adjudicatario mantuvieron bloqueado el proyecto hasta agosto de 2010, fecha en la que la administración revocó la licencia de explotación alegando el incumplimiento de los plazos previstos. Algunos vecinos y partidos políticos culpa del escaso interés en recuperar el complejo al hecho de estar vinculado al franquismo.
La ciudad residencial de Perlora, ubicada en Asturias, está abandonada debido a una combinación de factores, principalmente económicos y decisiones administrativas. El complejo, que fue un destino turístico popular, cesó sus actividades vacacionales en 2006 debido a pérdidas financieras, y desde entonces ha sufrido un deterioro progresivo.
Las razones específicas del abandono incluyen:
- Cierre por pérdidas económicas: La gestión de Perlora por parte del Principado de Asturias finalizó en 2006 debido a dificultades financieras y se decidió cerrar las instalaciones.
- Falta de inversión: Tras el cierre, no se realizaron inversiones significativas para mantener y rehabilitar las instalaciones, lo que llevó a su deterioro.
- Derribos y desmantelamiento: En 2006, se llevó a cabo el derribo del edificio «Jacobo Campuzano» y se desmantelaron algunas instalaciones, lo que marcó el inicio de un proceso de abandono.
- Proyectos fallidos: Se intentaron varios proyectos para revitalizar Perlora, incluyendo la gestión por parte de empresas privadas, pero ninguno llegó a buen término.
- Falta de mantenimiento: La falta de mantenimiento y cuidado ha llevado al deterioro de los edificios y a la acumulación de basura, según denuncian vecinos y asociaciones.
En resumen, la combinación de la clausura por motivos económicos y la falta de iniciativas para revitalizar el complejo han llevado a Perlora a un estado de abandono.
Como indican los medios, ya en 2018, varios antiguos propietarios de los terrenos propusieron la devolución de las fincas si el Principado las ponía en venta. En 2020, hubo una propuesta vecinal que le planteaba al Principado un alquiler gratuito durante unos 10 años a cambio de rehabilitar las casas, pero no es aceptada.
A día de hoy, hay un Plan especial de Reforma “Ciudad Residencial de Perlora”, del 21 de abril de 2023, y está en marcha el llamado “Proceso participativo antigua ciudad de Perlora”, una consulta del ayuntamiento de Carreño del 26 de mayo al 26 de junio abierta a ciudadanos, organizaciones y asociaciones de Carreño para que hagan llegar sus sugerencias y aportaciones con la voluntad de reactivar Perlora. Además de su alto interés arquitectónico y urbanísticos, su construcción ha permitido proteger un espacio costero privilegiado. No está Asturias como para desaprovechar algo así.
En sus chalés, algunos de ellos con estructuras muy particulares, no vive nadie. Algunos se están cayendo. Adentrarse por la urbanización y pisar la hierba sin cortar del que, en su momento, fue un foco de actividad y de diversión, supone hoy una experiencia para el visitante. Huele a declive, pena, olvido y fracaso.
Es triste ver como este referente en el turismo de España, está en la actualidad a un estado ruinoso y de total abandono. Pensemos que la Ciudad de Vacaciones de Perlora, llegó a tener alrededor de 120 empleados en su época de esplendor.



