Hay días en los que sin saber cómo, que el sonido cambia, y para quienes nos hemos acostumbrado a comenzar el día con la radio a nuestro lado, una voz deja de estar, porque se apaga, muy a pesar de muchos de los oyentes de este medio. Un profesional, trabajador incansable, ha dejado a millones de oyentes.

El 3 de marzo, en Madrid, nos dejó un gran gallego: Fernando Ónega López (Mosteiro, Pol, Lugo, 15 de junio de 1947). Fue una de las voces más reconocibles de la Transición española y deja tras de sí un legado periodístico enorme, que abarca desde la prensa escrita hasta la radio, la televisión, la comunicación política y el análisis histórico.
Inquieto desde joven, Ónega comenzó en la prensa siendo apenas un adolescente. Con 15 años ya escribía una página semanal en El Progreso de Lugo, entrevistando a personajes de su tiempo. Más tarde estudió Ciencias Políticas en Madrid, combinando sus estudios con el periodismo, lo que le abrió camino en la capital y marcó el inicio de una carrera que no tardaría en consolidarse.
En 1977 asumió el cargo de director de prensa y portavoz de la Presidencia del Gobierno con Adolfo Suárez, en plena Transición democrática. Fue testigo y protagonista de momentos delicados y decisivos de la historia reciente de España, convirtiéndose en un cronista privilegiado y una referencia obligada para quienes seguían la política desde la distancia y desde dentro.
Tras su etapa en Moncloa, encontró su verdadera “casa profesional” en la radio. Fue director de informativos en Cadena SER, cubriendo hitos como el golpe de Estado del 23‑F en 1981. También dirigió los informativos de COPE y fue director general de Onda Cero en dos etapas diferentes. Durante décadas, su voz acompañó a los oyentes en tertulias y programas como Más de uno (con Carlos Alsina) y La Brújula, donde ofrecía comentarios políticos diarios con claridad y rigor.
En televisión, su presencia también fue constante. Fue director de programas y de relaciones externas en RTVE y, más tarde, presentador en Telecinco y Antena 3. Participó como comentarista y tertuliano en numerosos espacios de actualidad y debate, dejando siempre su mirada analítica y su capacidad de explicar la política de forma sencilla para todos.
A todo ello sumar el lujo de haber recibido indirectamente parte de mi formación de su mano, puesto que se relacionó con experiencias docentes en universidades o en calidad de colaborador o consultor universitario, apoyando actividades relacionadas con comunicación y periodismo en entornos virtuales de formación superior como la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), aportando su experiencia y conocimiento en comunicación y periodismo a nuevas generaciones.
Fernando Ónega no fue solo un testigo de la historia de España: fue un maestro, un referente y un guía para periodistas de varias generaciones. Su estilo, que combinaba rigor, independencia y claridad, logró que incluso los temas más complejos resultaran comprensibles para todos. Su voz y su mirada seguirán acompañándonos, aunque ya no esté físicamente.
Fernando Ónega nos enseñó que el periodismo es servicio, memoria y responsabilidad. Se apaga una pluma brillante, pero su legado permanecerá en cada crónica y en cada recuerdo. Gracias por contarnos la historia, mientras la historia sucedía.


